En el tercer parto de una arisca de la devoción, nací. En realidad, hubo varias madres, la primera parió con la ayuda de un sujeto mellado, el hijo fue una escalera. Otra, en un aguacero nocturno que la arrulló hasta soñar mientras paría, y cuando despertó había tenido el más hermoso crío oxidado que habían visto sus húmedos ojos. Y al tercer día, una mujer que era otra, que era la misma que es mi madre, que es otra, me tuvo. Me llamó Desvarío, en honor a la última palabra que dije en mi primer verso, según ella, muy importante.
2 comentarios:
sí
Si me apuras...ninguna.
Un beso
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